Alfa

Tus ojos no son los que imaginara tu madre al concebirte.

Te desvistes de la insipidez del vestido; al abrigo del desnudo visceral, cobijas trece infartos y, con los dedos de quien no supo modelarte, presumes de escaras.

Tienes un harem de cuervos en la clavícula. Corteja la muerte como lengua vernácula: se alimenta de las palabras que expiran en tus labios y de las lágrimas de belladona que acarician tu cuello cuando brindas a solas.

Siempre brindas a solas.

Tus ojos no son los que imaginara tu madre al concebirte. Nadie nunca imaginó nada.

Anuncios

Acerca de L. Dietrich

Pixieh Tian Shi — El cielo por los suelos y los pies en el aire.
Esta entrada fue publicada en Prosa poética. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s