Ruido

Cuando nací, mi madre plantó un almendro;
a mis dieciocho, murió;
desde entonces, me he hecho centenaria.

«¿Hace ruido el árbol que cae cuando nadie está escuchando?».

Sabiéndome el retiro de la carne —polvo, vacío—, entierro un grito en el cielo y la indiferencia de todos los pájaros que me vieron caer gira su rostro anémico hacia mí, abraza con una de sus manos mi garganta y lleva un dedo crispado a mis labios. Murmura: «¿Por qué debatís la existencia del ruido si no oís ni escuchando?». El eco enmudece, la caducidad del bosque habla y yo…

¿Oís? Caigo.

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Acerca de L. Dietrich

Pixieh Tian Shi — El cielo por los suelos y los pies en el aire.
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