Eat Me, Drink Me

4 de julio de 1862

La tarde dorada queda eclipsada por la sombra de un sol que no volveré a ver.

La sal carcome la proa de una barca sin timón, y la voz de la afonía descose los labios de la infancia. Tras la cerradura forzada, el agua carece de rostro. El marco sin espejo refleja un país estéril de reina acromática, donde los ases de corazón roto drenan la sangre de las rosas; donde los traficantes de teína son decapitados; donde los sombreros piden limosna, la yugular de los felinos sonríe y las liebres mueren devoradas por el tiempo.

En su doblez de seda, la mariposa se desnuda, invulnerable. Y los cuentos echan de menos a los niños.

A. L.

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Acerca de L. Dietrich

Pixieh Tian Shi — El cielo por los suelos y los pies en el aire.
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