V

Pestis eram vivus – moriens tus mors ero.

En el seno de la muerte, el perfume se desviste de piel.

Quien nunca aprendió a besarse, viaja escoltado por un cortejo de sombras bronceadas cuyas yemas crispadas se aferran a sus páginas escritas en blanco. En la ausencia del verso recitado, se demacran sus huesos de vinagre. Las orquídeas marchitan la víspera de sus sienes y entierran sus iris añejos tras las puertas de un cuervo. El vértigo de su miopía atraca en las venas silentes de un libro.

Sus brazos, huérfanos de verbo, son carne de ninguna carne. Acaece, luchando por conservar la belleza ininteligible del lenguaje del tiempo.

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Acerca de L. Dietrich

Pixieh Tian Shi — El cielo por los suelos y los pies en el aire.
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