La viuda de París

La cortina de luz que resbala de la puerta gravita hacia las sombras.
Las voces entorpecen la acústica del silencio.
Sobre el vestido de humo y whiskey se ha derramado un adiós. La muñeca de trapo que cobija mis huesos está colmada de alfileres: araño mi costilla —su costilla—, y las uñas tallan una fecha.
En el cementerio de alas impares yace un segundo perdido; a mis pies, un arsenal de manecillas rotas.

—Dime, niña de otros ojos: por qué tomas tus propias Bastillas, por qué la torre Eiffel apuñala el pecho del cielo, por qué los Campos Elíseos germinan de luto; en qué te han convertido les gargouilles para que París llore tu ausencia.

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Acerca de L. Dietrich

Pixieh Tian Shi — El cielo por los suelos y los pies en el aire.
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