Sin oxígeno ni vértigo

Los dedos cruzados; la promesa que cuelga de mi meñique, ahorcada.

Al sur se estremecen los cerezos deforestados que, cada domingo, engarzaban flores en mi memoria. Mis puntos cardinales decaen a la sombra de un incendio consumido a pétalo por lengua. Salivo versos de grafito, abrazando las cenizas del sinrostro. Sus pupilas vacuas suturan mis ojos córvidos.

Protagonizo el escenario de todos los actos suicidas que nunca fueron cogidos al vuelo.

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Acerca de L. Dietrich

Pixieh Tian Shi — El cielo por los suelos y los pies en el aire.
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