Lyriel

La perversión llama a personas de todo el mundo a la misma carpa.

—¡Pasen y vean! (No necesita esas gafas). ¡Les ofrezco la oportunidad de ver algo extinto a excepción de este único ejemplar! (Disculpe, los ahorros de toda su vida no son suficientes).

Misma ciudad, mismo espectáculo.

—¡La inocencia en estado puro! ¿Acaso conocen su significado? ¿Quieren recordarlo?

Los billetes vuelan hábilmente a manos del Amo y el aforo del circo se rebasa. El público, obedeciendo firmemente los carteles pegados a las paredes de la carpa, se deshace de la ropa, besa a desconocidos en tres pares de labios distintos, se bebe en alcohol y se consume en el humo de sus cigarros.

“She did believe in virtue and honesty but you know innocence breaks so easily…”

La orgía se reproduce ante los ojos de una niña que, acurrucada contra una pared cristalina, se hace la ciega, la sorda y la muda ante el desconocimiento de los límites de la jaula y los impuestos por el miedo.

Soy esa niña.

“I’m tired, would you take me home?”

Reconozco los rostros de algunas personas que conforman el público de otras ocasiones.

Sus fauces salivan. Todos tienen los mismos ojos carnívoros. Y todos quieren alimentarse de mí.

Ante la imposibilidad de hacerlo, me observan mientras se comen los unos a los otros o a sí mismos. Veo instintos primarios desatados. Veo parejas, tríos y sexo en números que ni siquiera he estudiado. Veo a un hombre masturbarse; él también me mira e intenta encontrarse mientras sus zarpas tratan de aferrarse a un cristal sin relieve.

“Reality is nothing than the register of crimes of a humankind…”

Veo sangre, esperma y suciedad. Veo… y, entre tanta mugre, dejo de verme.

“Everything has failed…”

Siento una punzada de dolor en la mano. Cuando bajo la mirada, distingo un arañazo recorriendo su palma. Me limpio en el vestido blanco.

“If you can’t see what’s bright, what you see out there is just what you see inside…”

Devuelvo la vista al público; después, vuelvo a centrarme en mi arañazo: lo único nuevo en una larga trayectoria de espectáculos rutinarios, lo único que ostenta vida en mucho tiempo.

No soy tan distinta a ellos. Les devuelvo la atención: todos sangran, todos son yo.

Me levanto el vestido. El cristal se rompe con la primera caricia.

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Acerca de L. Dietrich

Pixieh Tian Shi — El cielo por los suelos y los pies en el aire.
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