Mesalina

Te espero, encendida, con los dedos consumiéndose en montañas de ceniza que miden tu ausencia. Mato el tiempo jugando a rayuelas de letras que ladran cuanto muere en las cruces que amordazan mi boca. En silencio, me reprocho haberte enseñado a cantar orgasmos sin cartón y a inventar coartadas para el sexo.

Venus se agrieta, el vino cicatriza y la borrachera pervive hasta que el farolillo rojo se apaga.

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Acerca de L. Dietrich

Pixieh Tian Shi — El cielo por los suelos y los pies en el aire.
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