Síndrome de Peter Pan

Aún imagino. Aún cuento ovejas antes de dormir. Aún me acuesto abrazada a un peluche más cálido que el pecho de muchos mortales. Aún leo en la cama, aún escribo en el tren. Aún disfruto aprendiendo. Aún no fumo, aún no bebo. Aún dibujo corazones en cristales sucios y empañados. Aún hago juegos de palabras con las matrículas de los coches. Aún salto de raya en raya en los pasos de cebra. Aún disfruto caminando. Aún hago un alto para pisar hojas secas y charcos profundos. Aún soy gota de aceite que naufraga en vasos medio vacíos de agua. Aún distingo la forma de las nubes. Aún confundo aromas y canciones. Aún dedico los márgenes de mis apuntes. Aún firmo con lacasitos de colores.

Me han tocado, pero aún no me he hundido.

Soy el último hálito de esperanza: en mí pervive el afán de supervivencia.

Me regodeo en mi unicidad: aún yo, aún dislexia, aún «perrodeta» (pedorreta).

Aún no soy una de vosotros.

Aún.

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Acerca de L. Dietrich

Pixieh Tian Shi — El cielo por los suelos y los pies en el aire.
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