CANDY

“With you inside me… comes the hatch of death.”

—Estoy asustada.

{ Himmel }

Se desnuda la semilla de la semilla, y aquel que, consciente de su efimeridad, insistió en escribir su nombre en humo, transcurre hilando coronas de pájaros junto a una sirena.

—No hay nada que temer.

{ Erde }

El fruto se rinde ante el puño de agua, sangre y abstinencia. Tras extinguirse el eco de su quedo espasmo, la pérdida se sacia con flores inconclusas y puentes desandados, con vestigios de ambrosía aguijoneando el horizonte de las escamas.

La sombra de las esquinas y los bancos rehúye a quien escolta la muerte.

»Nada.

{ Hölle }

Las desvencijadas letras de carmín y esmalte reescriben mis poemas. La palidez de las rosas arde bajo el sol de madera, cuyas vetas destilan oro suicida en miel triste y amarga. 

El anhelo se persona. Frente a un vaso amoratado contemplo, en la migración de los pájaros, el desenlace.

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Transverberación

«Él quiere que continúe viviendo…». María Teresa Rattier

Gracias por las palabras, maravillosas palabras de una hoja bañada en café y fuego—huellas de ceniza enclaustradas en el segundo corazón como una urna. 

Cuando la noche me abriga con dedos rosados, mi añorado campo destila rocío con piel de jara y romero—flores germinan en mi falda, al amparo de sus iris oxidados y mi sonrisa opalescente. Mas se empañan las vidrieras y el rosetón se abre, puerta al tiempo más allá de todo tiempo—inhalación del gramófono y repique de la nota infinita.

Su latido sísmico atraca en mi cintura. Retomamos el paso.

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efluvio

migrañas

vómitos

abstinencia de agua

cloacas rebosantes el aliento del subsuelo

en su boca y sus dientes

royendo la puerta pero no hay salida

solo espejos de humo escaparates miopes

Narciso

con crines de leopardo alimentándose

del tuétano de los relojes y

las doce la última cena

poemas despiezados y exhibidos en cristalerías de soplos nocturnos

que capturan esquirlas de oxígeno para sordos

cruces en los ojos

marcas de anzuelos en los labios

dilatados como pupilas que son abismo y

ven ven ven y

engullen y

saliva asmática

ríos de carbón

huesos invernales de nieve pigmento

la desnudez de las farolas mendigando luz

inhalando sombras

y el ocaso

fuego griego catapultado contra las fachadas

contra las máscaras

contra el Único

coronas de laurel marchito

cenefas de rosas mustias

paredes de cipreses lanzas espino clavos

estigmas que son quemaduras de nicotina

los brazos no abarcan más pecas

los cuentos desconocen a los niños

asilo en sagrado en hábitos

mi vientre sin bendecir sin querer ser bendecido

semillas inconclusas

sábanas sudarios

soledad

sopeso las pastillas

el palacio mental eterizado

párpados gravitatorios

mariposas de plomo sin pasaporte

vuelo a ras del suelo

madriguera

el conejo colgado

carta no hay posdata solo cuerpos ilegibles

coleccionando monedas bajo lenguas impermeables

habitaciones colmadas de lágrimas

bilis negra, amarilla, roja y verde

la gorgona frente al espejo

de humo

el horno, la niña, la bruja

la casa de dulces consumiéndose y

el corazón pulpa cómeme bébeme

el verbo se hizo

aire

y los poetas escribieron su nombre en agua

y el verbo era

Yo

pero palomas y leones castrados

peces sin branquias

y navíos de costillas abiertas

naufragio sal

en el cráneo

tierra estriada el mundo

en estado vegetal

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Rigor mortis

Hay un cuerpo en mi cama y está frío.

Tiene puños cerrados en estalactitas que perforan su carne: la carne de la mano que se niega a comer, la carne de los colibríes de pulso famélico; jaulas, jaulas, jaulas de estalactitas disueltas, el agua sin firmar goteando sobre el cráneo de aquel cuyo nombre se escribe con mayúsculas. Y no hay más que Yo, dices, pero hay un cuerpo en mi cama, lecho de dientes perdidos y monedas de óxido bajo los párpados, aliento de las iglesias: piedra sin sed, vino que sacia los estigmas como labios abriéndose de pestañas al rocío. El alba garza teje sus poros y asciende con uñas de alfiler hasta su pecho, pero el cuerpo de mi cama está frío, frío. Escarcha. Tiene los ojos turbios, fangosos, lacrimales colmados de nieve terrosa.

Parpadea.

Hay… Hay un cuerpo en mi cama y… está… está…

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J’est un autre

and I am helpless and thirsty and need shade

but there is no one to cover me—

not even God.

Anne Sexton

Soy célula primitiva, contracciones y primer llanto. La pureza del mármol ennegrecido, el sudario opalescente de las cristaleras. Dedos enraizados en la piedra sin pulso. Nudillos destripados, rosarios de lágrimas. Garganta obstruida con ceniza, voz sin nombre, eco ateo.

El verbo se hizo carne…

Coronas de óxido. Sellos de cera derritiéndose en los párpados, letra de segunda mano. Huellas atornilladas, frente mordida, vetas en la piel.

Tiene mi aliento: el aliento hermético del ocaso.

… y murió entre nosotros.

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Asphyxiation

Desquamated buildings, 

Their viscera scattered by the salty,

Smothering streets of smoke—

Asphyxiation, by the streets of crowded lungs—

You and I struggling for oxygen 

In plastic bags—

Asphyxiation, asphyxiation, asphyxiation—

You spread your flesh, fan the flight, 

You and I aching to breathe the liquid sky 

Not you—I, I, I

Fall and sink in its arms.

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Greeny

​—Iris como arcilla de rosas, de amanecer sangre y ocre, royendo el rocío.

Verde.—

Retira los restos de hogar de su ropa con la migración amarrada a la lengua y una promesa inerte en sus dedos trenzados. Cubre las grietas de sus labios con alcohol, coronas de trigo abrazan su rostro apergaminado e ilegible; trazos negros desgarran su piel y, como noche irrefutable que se cree sin resolverse, arropa con pudor sus rasgos marchitos.

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​Enfant de mon siècle 

Es borboteo de los relojes, el aliento de las muñecas y oro vacuo. Es tres monedas bajo la lengua. Es brasas de una confesión y lágrimas en piel derrotada, manos al óleo. Es pupilas vocalizando el lenguaje primitivo y silencio.
Como la sangre que destilan las rodillas de la noche tras su caída o el sabor de la infancia en los ancianos, es —sin ser.

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